En el convulsionado 2002, un programa de radio y una banda de covers desafiaron la crisis a pura distorsión. El recuerdo de “Rocambole”, el nacimiento de “Nina Kiru” y la vigencia de un pueblo que se ganó el título de “Capital del Metal”.

 

Corría el año 2002 y la Argentina dolía. El país crujía bajo los escombros de una crisis institucional feroz, el eco de los helicópteros de Plaza de Mayo todavía aturdía y el humor social estaba por el piso. Pero en el interior de Santiago del Estero, precisamente en Forres, el aire pesado de la época se respiraba con rock en las venas. Allí, donde la realidad se gambeteaba con amigos y música, un grupo de jóvenes decidió que la resistencia tenía que tener la banda de sonido de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.

En ese escenario de incertidumbre nació “Rocambole”, un programa de radio que no tardaría en convertirse en un faro cultural para la región. El nombre era una declaración de principios: un homenaje explícito al artista plástico que le puso cuerpo, garras y oscuridad a las tapas de los discos más icónicos del rock nacional, como Luzbelito.

El búnker era la FM Forres 97.9, la radio de la familia Santillán. Cada viernes, a las 22:00 horas, el dial se encendía y comenzaba una verdadera “Tarea Fina”. Al frente del micrófono estaba Diego Esteban Ledesma, a quien todo el pueblo conocía —y conoce— simplemente como “Pisto”. Pero el proyecto no era un esfuerzo aislado; era una cofradía regional. Desde la vecina ciudad de Fernández llegaba la colaboración de José Ramón “Bate” Ríos, aportando su toque rockero al aire, mientras que en las perillas, garantizando que el pogo radial sonara limpio y potente, estaba el operador forrense Javier “Plume” Gallardo.

Durante esas noches de viernes, la radio solo escupía las canciones de los Redondos. No había espacio para otra cosa. Era el punto de encuentro de una juventud que buscaba refugiarse en la poesía de las catacumbas de Solari y las guitarras de Skay.

De la radio al escenario: el grito de “Nina Kiru”

El fenómeno de “Rocambole” fue tan fuerte que desbordó las cuatro paredes del estudio de radio. El aire quedó chico y la necesidad de canalizar esa energía llevó al equipo a pasar de la teoría a la práctica. Así, de las entrañas del programa, nació “Nina Kiru”, una banda de rock que rápidamente se transformó en la voz local de esa movida.

El proyecto musical unió a “Pisto” Ledesma en la voz y al propio operador técnico, Javi “Plume” Gallardo, demostrando que la complicidad del estudio se trasladaba perfectamente a los escenarios. La formación se completó con el empuje de Juan Rodríguez, Franco Brue, Ángel Leguizamón y Lucas Rodríguez.

Al principio, los ensayos y los primeros shows se alimentaron de covers de Los Redondos y de los acordes combativos de Attaque 77. Sin embargo, el grupo no tardó en encontrar su propia identidad, componiendo temas propios que reflejaban las vivencias, las frustraciones y los sueños de la juventud de la zona.

Forres: la “Capital del Metal” y el regreso de los clásicos

Para entender el éxito de “Rocambole” y “Nina Kiru” hay que mirar el mapa completo. Forres siempre tuvo una sensibilidad especial para las guitarras distorsionadas, al punto de ganarse legítimamente el mote de “Capital del Metal” en la provincia.

Ese título no fue gratis: se construyó sobre el asfalto y la tierra gracias a la gestión de figuras legendarias como Víctor “Vitín” Blázquez. Con su espacio “Mares de Acero”, compartiendo la misma sintonía de la 97.9, Blázquez fue el gran arquitecto de una era dorada de festivales y recitales de rock y heavy metal que atraían a jóvenes de toda la provincia. Tras un largo período en stand by, la feliz noticia de que “Mares de Acero” regresó hace poco al aire no hace más que revalidar que las viejas pasiones locales nunca mueren.

Hoy, a casi un cuarto de siglo de aquellas transmisiones del año 2002, los recuerdos de esas juntadas, la buena música y la amistad incondicional vuelven a florecer en la memoria colectiva de la región. El Indio Solari sigue allí, gigante y eterno en sus canciones, pero en Forres, el verdadero homenaje se lo llevan aquellos pibes que, en la peor de las crisis, mantuvieron encendido el fuego del rock de pueblo.