Los peregrinos colmaron la histórica villa santa para participar de las celebraciones litúrgicas. El punto culminante fue la Misa Central presidida por el Cardenal Bokalic y los obispos de la región.

 

Un clima de profunda devoción, emoción y reencuentro se respiró desde las primeras horas de este domingo en la histórica villa santa. Una verdadera multitud de peregrinos, llegados desde los puntos más recónditos de la provincia y del país, colmó el predio para participar de la festividad mayor en honor al Señor de los Milagros de Mailín, consolidada como la manifestación de fe religiosa más importante de la región.

El cronograma litúrgico para esta jornada especial comenzó bien temprano, cobijando a los miles de promesantes que pasaron la noche en campamentos o que arribaron en las últimas horas a pie, a caballo y en diferentes vehículos. A las 6:00 y a las 8:00 de la mañana se celebraron las primeras misas de la jornada en el interior del templo, registrando una masiva concurrencia de fieles que buscaban un momento de recogimiento ante la sagrada cruz.

En simultáneo, la mística del santuario al aire libre se hizo sentir a las 7:00 con la tradicional celebración en el histórico Árbol de Mailín, el sitio sagrado donde se originó el hallazgo de la imagen y donde las oraciones de la gente se mezclaron de manera única con el sonido del monte santiagueño.

El momento cumbre de esta conmovedora muestra de fe popular tuvo lugar a las 10:00 con la solemne Misa Central. La celebración litúrgica contó con una presencia episcopal de gran relevancia para la Iglesia local, ya que estuvo presidida por el Cardenal Vicente Bokalic. Junto a él, concelebraron el obispo auxiliar de la Diócesis de Santiago del Estero, Enrique Martínez Ossola, y el obispo de la Diócesis de Añatuya, José Luis Corral.

La homilía de los prelados estuvo marcada por un fuerte mensaje de esperanza, unidad y contención social para los miles de devotos que, año tras año, llegan a la villa a depositar sus intenciones, agradecer por la salud y renovar sus promesas ante el “Forastero”, el nombre tan afectuoso con el que los lugareños y peregrinos llaman al santo patrono.


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