Por [Hernán Díaz]

En una jornada marcada por el peso de las definiciones estratégicas, el Senado de la Nación fue escenario de un debate que trasciende las fronteras y los mandatos partidarios. El senador Gerardo Zamora, representante de Santiago del Estero, tomó la palabra para fijar una postura que, si bien adelantó un voto positivo, no escatimó en advertencias sobre el modelo económico actual y la necesidad de un “Estado presente” para que la integración no se convierta en una condena para las economías regionales.

Un respaldo con memoria y pragmatismo

Desde el inicio de su alocución, Zamora calificó el tratado entre el Mercosur y la Unión Europea como un “hecho histórico”. Para el legislador, no se trata de una victoria de un gobierno de turno, sino de una política de Estado que ha sobrevivido 25 años de negociaciones y distintos signos políticos.

Sin embargo, el tono de celebración fue rápidamente matizado por la realidad doméstica. Zamora no dudó en señalar las contradicciones que observa entre el espíritu de integración del tratado y el programa económico vigente. Habló de un “industricidio indisimulable” y de tasas de interés que asfixian la inversión, sugiriendo que el éxito del acuerdo es incompatible con una filosofía de endeudamiento y desfinanciamiento de lo público.

El factor Santiago del Estero: Alimentos y Aranceles

El eje central de su defensa se apoyó en el federalismo. Zamora destacó que para una provincia productora de alimentos como Santiago del Estero, el tratado es vital: “Se eliminarían prácticamente el 99% de los aranceles de productos agroindustriales”.

No obstante, su apoyo no es un cheque en blanco. El senador fue enfático al advertir que, sin una inversión real en infraestructura —especialmente en el corredor bioceánico y el sistema ferroviario—, los beneficios del acuerdo quedarán bloqueados por los altos costos logísticos del “Norte Grande”.

El Senado como actor central, no espectador

Uno de los puntos más políticos de su discurso fue el llamado a sus pares a no ser “simples espectadores” del Poder Ejecutivo o de “tecnócratas”. Zamora propuso que el Senado asuma un liderazgo activo en la implementación del acuerdo, creando comisiones especiales y ámbitos de concertación con sectores del trabajo y la producción.

“Nos equivocamos nuevamente si la filosofía de fondo es que aprobamos un tratado y el libre mercado lo soluciona todo”, sentenció, desafiando la idea de que el mercado pueda actuar como un ente regulador infalible.

Más que aranceles: Un compromiso social

Para cerrar, el senador santiagueño recordó que el tratado incluye capítulos sobre salud pública, servicios sociales, educación y protección de pymes. Su conclusión fue clara: el acuerdo es una oportunidad histórica y una herramienta de integración internacional que se alinea con la Constitución Nacional, pero solo si se ejecuta bajo una visión federal que proteja la industria manufacturera frente a las asimetrías con Europa.

Con el voto de Zamora, el oficialismo suma un respaldo institucional de peso, pero se lleva también una hoja de ruta crítica: la integración será federal o será, simplemente, una nueva forma de “reprimización” de la economía argentina.


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