FERNÁNDEZ – Un llamado de alerta y profunda reflexión se encendió en las últimas horas en la comunidad de Fernández tras conocerse situaciones de maltrato físico y psicológico ejercidas hacia menores en espacios de apoyo escolar y clases particulares. El escenario abrió un urgente debate sobre la persistencia de métodos punitivos arcaicos y la imperiosa necesidad de erradicar cualquier forma de violencia en los ámbitos de enseñanza, tanto formales como informales.

La preocupación se visibilizó a partir de testimonios que dieron cuenta de conductas abusivas tales como tiradas de cabello, tirones de orejas, gritos y descalificaciones verbales implementadas como supuestos recursos pedagógicos o de disciplina. Lejos de tratarse de situaciones menores o anécdotas del pasado, este tipo de prácticas vulnera de forma directa las garantías consagradas en la Ley Nacional de Protección Integral de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes (Ley 26.061) y los tratados internacionales de niñez.
Vulneración extrema en infancias con discapacidad y neurodiversidad
El llamado de atención cobra un carácter aún más alarmante cuando estas agresiones recaen sobre niños con discapacidad, condiciones del neurodesarrollo o necesidades educativas específicas. En estos contextos, el castigo corporal o la intimidación no solo configura un acto de desamparo ante la indefensión del menor, sino que viola flagrantemente la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (Ley 26.378), marco que exige garantizar la integridad física, psíquica y el acceso a una educación plenamente inclusiva, digna y libre de tratos degradantes.
Especialistas remarcan que invalidar los canales de comunicación de un niño bajo amenazas o maltrato no solo anula cualquier proceso de aprendizaje, sino que ocasiona secuelas emocionales profundas y un bloqueo severo en su desarrollo cognitivo.
Señales de alerta para las familias
Frente a este panorama, se insta a padres, madres y tutores a mantener una observación activa y cotidiana ante posibles indicadores de maltrato en los espacios extracurriculares a los que asisten los menores. Entre las principales conductas de alarma que deben ser atendidas de inmediato se destacan:
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Negativa rotunda o angustia manifiesta al momento de tener que asistir a las clases particulares.
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Episodios de llanto repentino, temores infundados o inestabilidad anímica previa o posterior a los encuentros.
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Cambios bruscos de comportamiento, tendencia al aislamiento, mutismo o irritabilidad.
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Dolores somáticos recurrentes (dolores de cabeza, estómago) sin causa médica aparente en los días de cursado.
Hacia una educación basada en el respeto
Desde diversos sectores de la comunidad se enfatiza que la premisa histórica del autoritarismo y la sanción física debe ser desterrada de plano. La pedagogía actual y la neuroeducación confirman que el miedo y el castigo no educan, sino que inhiben las capacidades reflexivas y fracturan la autoestima.
La construcción de una comunidad sana exige el compromiso colectivo de no naturalizar agresiones bajo el rótulo de “exigencia”, promover canales de diálogo seguro con los niños y acudir a los organismos correspondientes o realizar las denuncias pertinentes ante la mínima sospecha o constatación de maltrato en ámbitos educativos.

