La emblemática fábrica Textilana, dueña de la marca Mauro Sergio en Mar del Plata, atraviesa su peor momento histórico. Con la producción paralizada desde noviembre y un stock acumulado que no logra venderse, la empresa redujo su planta de 1.000 empleados a menos de 300 en su lucha por la supervivencia.

MAR DEL PLATA. – El silencio en la planta ubicada sobre la Ruta 88 es el síntoma más claro de una crisis que parece no tener techo. Textilana, la firma detrás de la reconocida marca de sweaters Mauro Sergio, mantiene suspendidos a 175 trabajadores desde mediados de noviembre de 2025. Aunque la fecha de reincorporación estaba prevista para el 1 de abril, la empresa ya ha comunicado que las suspensiones se extenderán, posiblemente, hasta junio.

Fundada en los años 70 por Mauro Sergio Todisco, la empresa llegó a ser el corazón productivo de “la capital del sweater”. En sus años de esplendor, la fábrica empleaba a 1.000 operarios y producía dos millones de prendas anuales. Hoy, esa realidad es un recuerdo lejano: la nómina actual no alcanza los 300 empleados y la producción está totalmente frenada.

Según explican los delegados gremiales, la combinación de factores económicos ha sido letal. “La caída en las ventas y la apertura indiscriminada de las importaciones nos terminaron de matar. No hay forma de competir contra lo que llega de China”, señaló Mauro Galván, delegado de la planta.

Desde el sector gremial apuntan directamente al impacto de las políticas económicas del gobierno de Javier Milei. Relatan que, a pesar de una breve esperanza de crecimiento a inicios de la gestión que llevó a contratar a 50 personas, la realidad golpeó rápidamente: esos contratos no fueron renovados y, posteriormente, se produjeron 150 desvinculaciones adicionales.

“Antes de Milei éramos 400; hoy quedamos menos de 300 y con un futuro totalmente incierto”, lamentan desde la fábrica. El stock de mercadería se acumula en los depósitos sin salida, ya que, según los trabajadores, el consumo interno se ha desplomado: “La gente ya no tiene plata y lo poco que tiene lo gasta en comida”.

A pesar del crítico panorama, los hermanos Sergio y Roxana Todisco, actuales dueños, intentan sostener la estructura. A diferencia de gran parte del sector textil, donde predomina la informalidad, Textilana mantiene a todo su personal registrado y cumple con el pago de salarios el cuarto día hábil, incluso durante las suspensiones (abonando el 78% del sueldo neto).

Para intentar generar ingresos alternativos, la fábrica ha comenzado a prestar servicios de lavado de lana para otras empresas, buscando ocupar a parte del personal y evitar más despidos.

La crisis tiene un rostro humano dramático. Más de la mitad de la plantilla son mujeres, muchas de ellas jefas de hogar. Galván resume el sentir de sus compañeros: “Toda mi vida me alcanzó con un solo trabajo; ahora tengo que hacer changas en la construcción o trabajar en una app para poder comer”.

El panorama en Mar del Plata es desolador para el sector: de las más de 500 textiles que supo tener la ciudad, hoy sobreviven menos de 100. Mauro Sergio, el lugar donde históricamente cada turista compraba un recuerdo antes de volver de sus vacaciones, hoy pelea por no cerrar definitivamente sus puertas.










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