En una jornada que vuelve a poner bajo la lupa la seguridad del sistema de transporte de cargas, la locomotora 9785 de Trenes Argentinos sufrió un grave descarrilamiento en las cercanías de la Estación Ceibalito, en la provincia de Salta.

La formación, que circulaba por una zona de densa vegetación, se salió de los rieles quedando inclinada sobre el terraplén. Afortunadamente, no se reportaron víctimas fatales, pero los daños materiales y la interrupción del servicio vuelven a encender las alarmas entre los trabajadores y usuarios del sector.
Expertos y trabajadores ferroviarios coinciden en que este no es un hecho aislado, sino la consecuencia directa de la desinversión. Los puntos clave de esta crisis son:
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Deterioro de la Infraestructura: Las vías presentan un desgaste extremo, con durmientes podridos y fijaciones sueltas que no soportan el peso de las formaciones.
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Falta de Desmalezamiento: Como se observa en la imagen, la maleza invade las vías, ocultando fallas estructurales y dificultando el drenaje adecuado del balasto.
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Presupuesto Acotado: La reducción en las tareas de mantenimiento preventivo ha transformado lo que deberían ser viajes rutinarios en maniobras de alto riesgo.
Este siniestro en Ceibalito se percibe como una “muerte anunciada” por quienes transitan la zona. La comunidad ferroviaria denuncia que, sin un plan de inversión serio y urgente, los descarrilamientos “gravísimos” —como el capturado en la foto— pasarán de ser noticias ocasionales a una peligrosa constante cotidiana.
“El abandono no es solo falta de pintura; es dejar que las venas del país se corten por falta de un tornillo o un durmiente”, señalaron fuentes vinculadas al sector.
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