En el Día del Historiador y la Historiadora, la Licenciatura en Historia de la Facultad de Humanidades, Ciencias Sociales y de la Salud de la Universidad Nacional de Santiago del Estero propone una reflexión sobre un oficio en permanente transformación. Investigar continúa siendo el corazón de la disciplina, pero los desafíos del presente invitan también a pensar cómo ese conocimiento circula, dialoga con la sociedad y encuentra nuevas formas de contribuir a la construcción de una ciudadanía crítica.

¿Dónde termina hoy el trabajo de un historiador o una historiadora? Durante mucho tiempo, la respuesta parecía evidente, en la investigación. El trabajo en archivos, el análisis crítico de las fuentes, el diálogo con la historiografía y la construcción de interpretaciones rigurosas sobre el pasado constituyen, y seguirán constituyendo, el fundamento de la disciplina histórica. Sin investigación no hay historia posible. Sin embargo, en una sociedad donde el pasado circula constantemente a través de las escuelas, los museos, los archivos, los medios de comunicación, las producciones audiovisuales, las redes sociales, los sitios de memoria y los proyectos comunitarios, esa respuesta ya no resulta suficiente. La investigación continúa siendo el punto de partida del oficio, pero hoy el trabajo del historiador no concluye al cerrar una indagación, sino cuando sus resultados encuentran nuevas formas de circular, dialogar con distintos públicos y enriquecer la comprensión del pasado desde el presente.
Este desafío no supone simplificar el saber histórico ni reemplazar la investigación por la divulgación. Por el contrario, tanto la divulgación como la Historia Pública encuentran su legitimidad en la solidez de las investigaciones que las sustentan. El oficio del historiador comienza en las fuentes, pero adquiere una nueva dimensión cuando los resultados de la indagación dialogan con públicos diversos y contribuyen a la formación de una ciudadanía crítica. En este sentido, la producción histórica trasciende los límites de la academia para asumir una responsabilidad pública.
Cuando la investigación sale a dialogar con la sociedad
Si la investigación constituye el punto de partida del trabajo histórico, surge entonces una pregunta inevitable, ¿qué ocurre cuando ese conocimiento abandona los circuitos estrictamente académicos y comienza a dialogar con la sociedad? Ese interrogante ha dado lugar, en las últimas décadas, al desarrollo de la Historia Pública, un campo de reflexión y de práctica que busca fortalecer los vínculos entre la producción del conocimiento histórico y los diversos públicos. Lejos de constituir una disciplina cerrada, la Historia Pública continúa construyéndose a partir de múltiples experiencias y debates. Más que una definición única, reúne distintas formas de pensar cómo la historia puede comunicarse, compartirse y construirse junto con la sociedad. Como señalan diversos especialistas, entre ellos Thomas Cauvin, este campo se sostiene sobre tres dimensiones fundamentales, comunicar el conocimiento histórico a públicos no especializados, promover la participación de distintos actores en la construcción de ese conocimiento y aplicar la metodología histórica para comprender e intervenir en problemáticas del presente.
Desde esta perspectiva, el trabajo del historiador se amplía sin perder su fundamento disciplinar. Investigar continúa siendo indispensable, pero ya no alcanza con producir conocimiento únicamente para los especialistas. El pasado circula hoy en museos, escuelas, archivos, sitios de memoria, medios de comunicación, organizaciones sociales y plataformas digitales. En esos espacios, el conocimiento histórico adquiere nuevos significados a partir del diálogo con otros actores.
En Argentina, la Historia Pública ha experimentado un importante crecimiento durante las últimas décadas. La expansión de la divulgación histórica, las políticas públicas de memoria, el desarrollo de la historia reciente y la consolidación de espacios de intercambio académico reflejan un proceso que continúa fortaleciéndose. En esa misma dirección, la realización en el año 2023 del I Congreso Internacional de Historia Pública e Historia Pública y Divulgación, en la Universidad Nacional de Quilmes, marcó un hito para la consolidación de este campo en nuestro país. Diversos referentes de la Historia Pública (entre ellos Susana de Luque, socióloga, y Alejandra Rodríguez, historiadora) coinciden en señalar que este campo responde a una necesidad cada vez más evidente, establecer una relación más estrecha entre el conocimiento académico y la sociedad, impulsando prácticas colaborativas, interdisciplinarias y comprometidas con los problemas del presente.
Este escrito no busca ofrecer una definición exhaustiva de la Historia Pública ni abarcar la totalidad de los debates que atraviesan este campo. Su propósito es, más bien, reflexionar sobre la transformación del oficio del historiador y examinar cómo la Historia Pública brinda herramientas conceptuales y metodológicas para comprender dicha transformación.
La universidad pública frente a los nuevos desafíos del oficio histórico
Si el oficio del historiador se encuentra en transformación, las universidades también están llamadas a revisar la manera en que forman a las nuevas generaciones de profesionales. Ya no alcanza con transmitir herramientas para investigar con rigor; resulta igualmente necesario preparar historiadores capaces de comunicar el conocimiento, intervenir en el espacio público y participar activamente en la construcción de una sociedad crítica y comprometida con su pasado.
En ese escenario se inscribe la renovación del Plan de Estudios de la Licenciatura en Historia de la Facultad de Humanidades, Ciencias Sociales y de la Salud de la Universidad Nacional de Santiago del Estero, aprobado en 2024. Más que una actualización curricular, este proceso expresa una manera de comprender el papel de la universidad pública y el perfil profesional que demanda el presente. La investigación continúa ocupando un lugar central en la formación, pero se articula con nuevas perspectivas que fortalecen la extensión universitaria, la comunicación pública del conocimiento y el vínculo con la comunidad.
Una de las expresiones más significativas de esa renovación es la incorporación del seminario Usos Públicos y Divulgación de la Historia, un espacio que invita a reflexionar sobre las múltiples formas en que el conocimiento histórico se produce, circula y adquiere nuevos significados en distintos ámbitos sociales. Su inclusión en el Plan de Estudios responde a una convicción compartida, formar historiadores capaces de investigar con excelencia académica y, al mismo tiempo, de comunicar, divulgar e intervenir en los debates contemporáneos desde una mirada crítica y comprometida.
Esta perspectiva también se refleja en las acciones que la Licenciatura desarrolla junto a la comunidad. La carrera viene impulsando una agenda sostenida de investigación, extensión y divulgación que incluye la reconstrucción de la historia de la ciudad de Termas de Río Hondo y su publicación en una obra colectiva, proyectos de investigación y extensión, actividades de divulgación en radios y canales de televisión, jornadas, conversatorios, simposios y diversas propuestas realizadas junto a instituciones educativas, culturales y organismos públicos.
Más que iniciativas aisladas, estas experiencias expresan una forma de entender el trabajo universitario, producir conocimiento con seriedad académica y proyectarlo en la práctica para enriquecer la vida cultural, fortalecer la memoria colectiva y contribuir al debate público.
Una reflexión para nuestro tiempo
La reciente partida de Carlo Ginzburg, una de las figuras más influyentes de la historiografía contemporánea, invita también a reflexionar sobre la vigencia y los desafíos del oficio del historiador. Su trayectoria recuerda que toda interpretación histórica nace del trabajo inexorable con las fuentes, del ejercicio permanente de formular preguntas y de la búsqueda constante de nuevas formas de comprender el pasado.
Todo indica que el oficio del historiador continuará transformándose. Las preguntas del presente, las nuevas tecnologías, los cambios en las formas de comunicación y las crecientes demandas sociales seguirán interpelando la manera en que investigamos, enseñamos y compartimos el conocimiento histórico. Lejos de representar una amenaza para la disciplina, estos desafíos invitan a reafirmar aquello que constituye su esencia, el compromiso con una investigación crítica y éticamente responsable. Al mismo tiempo, nos recuerdan que ese conocimiento alcanza una dimensión más amplia cuando logra trascender los ámbitos académicos.
En tiempos en que el pasado ocupa un lugar central en los debates públicos, las y los historiadores tenemos la responsabilidad de contribuir con interpretaciones fundamentadas, capaces de ofrecer contexto y enriquecer la memoria colectiva. Quizá allí encuentre respuesta la pregunta con la que comenzó esta reflexión. El trabajo del historiador no termina cuando concluye una investigación, se prolonga cada vez que los resultados de esa indagación abren nuevas preguntas, generan diálogo y favorecen una comprensión más profunda de nuestra realidad. Difundir lo investigado constituye, hoy más que nunca, una responsabilidad inseparable de nuestro oficio. Porque investigar sigue siendo el corazón de la tarea histórica.

