Una de las postales más dolorosas del informe es la de la desvinculación total, reflejada en el fenómeno de los jóvenes que no estudia ni trabaja (NiNi), que a nivel nacional representa al 20,7% de este grupo etario. Al desagregar esta estadística por nivel socioeconómico, la diferencia resulta demoledora: el porcentaje de jóvenes desvinculados alcanza el 34,2% en el estrato muy bajo, una proporción cuatro veces mayor que el 8,3% registrado en el estrato medio alto. Del mismo modo, la posibilidad de dedicarse de manera exclusiva a la formación académica es un privilegio de pocos, abarcando al 41,2% de la juventud de ingresos altos frente a un magro 15,6% en el extremo inferior de la estructura social.

El informe introduce además el concepto de “herencia social” para explicar el enorme peso que las condiciones laborales del hogar familiar ejercen sobre las decisiones y el destino de los jóvenes. En los hogares de estratos bajo y muy bajo, la posibilidad de dedicarse solo a estudiar se desploma del 27% al 16,5% cuando el jefe o jefa de hogar pasa de tener un empleo pleno a atravesar el subempleo o la desocupación.

No obstante, una de las conclusiones más amargas de los investigadores de la UCA es que la estabilidad laboral de los padres no basta por sí sola: incluso cuando el principal sostén del hogar cuenta con un trabajo de calidad protegido, esto no alcanza para borrar la ventaja estructural de pertenecer a los sectores de menores recursos, perpetuando las desigualdades intergeneracionales.

Finalmente, la exclusión material y laboral se traduce de manera directa en un deterioro del bienestar subjetivo, familiar y psicosocial de las juventudes. El malestar psicológico, la falta de control sobre el propio destino y la ausencia de redes de contención son realidades que golpean el doble a los sectores postergados: el malestar psíquico afecta al 28,5% en el estrato muy bajo frente al 15,5% en el medio alto, y la carencia absoluta de lazos de amistad se eleva al 15,7% en la base social frente al mero 1,7% en la cima.

En un contexto general donde el 85,5% de los jóvenes de 18 a 39 años llega al día 20 del mes sin un centavo de dinero disponible, el informe del ODSA concluyó que para revertir este escenario crítico se requiere una política integral urgente, que no solo prevenga la deserción escolar y promueva empleos formales, sino que también atienda el bienestar psicosocial y proteja la estabilidad de los propios hogares.