La noche del viernes 13 de marzo de 2026 no fue una más para la ciudad de Santiago del Estero. Lo que comenzó como una vigilancia preventiva ante el incremento del caudal del Río Dulce, terminó convirtiéndose en una escena de película de catástrofes cuando la fuerza del agua, alimentada por las intensas lluvias en el norte y la erogación del Dique Frontal, finalmente reclamó su espacio y saltó sobre la Costanera Diego Armando Maradona.

Eran cerca de las 22:30 cuando el murmullo constante del río se transformó en un rugido amenazante. A la altura del Puente Juan Domingo Perón, el agua no solo lamió los paredones, sino que los superó con una fuerza imparable, inundando la calzada y avanzando sobre los sectores bajos del Parque Aguirre.

Minutos después del desborde, el paisaje cambió drásticamente. Las luces azules de los patrulleros y las balizas de las unidades de Defensa Civil reemplazaron el tranquilo paseo nocturno de los santiagueños. Un amplio operativo de emergencia se desplegó de inmediato para cercar la zona. El acceso a la costanera fue clausurado por completo: ni peatones curiosos con sus celulares, ni motociclistas, ni autos pudieron trasponer las barreras policiales.

“La situación es crítica y no podemos permitir que nadie se acerque por una foto”, señalaba un oficial en uno de los cortes. La preocupación no era solo el agua, sino el peligro invisible: por seguridad, se decidió interrumpir el suministro eléctrico en toda la zona ribereña para evitar tragedias por electrocución ante el avance de la inundación sobre el mobiliario urbano.

Durante todo el día, equipos municipales y provinciales habían trabajado a contrarreloj. Camiones volcadores descargaron toneladas de arena y se colocaron barreras de contención en los puntos más vulnerables. Las bombas de achique trabajaron sin descanso, intentando devolver al cauce lo que el río expulsaba. Sin embargo, la naturaleza tenía otros planes. Con un caudal erogado desde Las Termas que superó los 1.500 m³/s, el esfuerzo humano resultó insuficiente frente a la magnitud de la crecida.

En el Puente Carretero y el Puente Nuevo, la imagen era sobrecogedora. Troncos de gran tamaño y restos de vegetación pasaban a una velocidad inusual, golpeando contra las estructuras. La cota del embalse en Río Hondo, empujada por los aportes de los ríos tucumanos, obligó a las autoridades a mantener el Alerta Roja.

A medida que avanzaba la madrugada, la Intendenta Norma Fuentes y las autoridades de Defensa Civil confirmaban que, a pesar del impacto visual y los daños materiales en la infraestructura de la costanera, no se habían reportado evacuados en los barrios más cercanos, gracias a los terraplenes de defensa. No obstante, el monitoreo es “minuto a minuto”.

Santiago del Estero duerme hoy con un ojo puesto en el cielo y otro en el río. La Costanera, ese lugar de encuentro y mates, permanece bajo el agua, recordándole a la “Madre de Ciudades” el poder indomable del Dulce cuando decide reclamar su cauce. Las próximas horas serán clave, mientras la ciudad espera que el agua comience a ceder y la calma regrese a sus orillas.










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