Milei viaja a Estados Unidos con otros once mandatarios de la región que serán teloneros de un Donald Trump subido al caballo del César que no acepta aliados, sino súbditos.
La fotografía de Donald Trump con Lionel Messi en un contexto bizarro que mezcló al fútbol con los bombardeos sangrientos en Medio Oriente y el bloqueo que hambrea al pueblo cubano, adelantó la intención del presidente estadounidense de convertir a uno de los espectáculos deportivos más bellos y populares del mundo en un circo de propaganda bélica.

Trump ya lo usó en la puja interna de los Estados Unidos y amenazó con excluir como sedes de partidos del Mundial a dos ciudades gobernadas por la oposición, Seattle y San Francisco. “Si creemos que cualquier ciudad puede ser incluso ligeramente insegura para la Copa del Mundo, no lo permitiremos,—amenazó— ajustaremos las sedes si es necesario”. Diez grandes ciudades, entre las que se cuentan Seattle y San Francisco se declararon “ciudades santuarios” para los inmigrantes latinos que son perseguidos por la gestapo trumpista del ICE.
El Mundial que comenzará el 11 de Junio, se disputará en Estados Unidos, México y Canadá, y por primera vez tendrá un formato con 48 equipos. Algunos partidos se disputarán en los estadios Lumen Field y el Levi’s Stadium, de esas dos ciudades santuario. Se calcula que cada encuentro dejará alrededor de 480 millones de dólares a cada ciudad anfitriona.
La pretensión de Trump de alterar la agenda del Mundial fue frenada por el vicepresidente de la FIFA, Victor Montagliani, quien aseguró que no se pueden modificar las 16 sedes que ya han sido designadas en los tres países, pero el inquilino de la Casa Blanca ha demostrado que no respeta ni a sus aliados.
Nunca mostró interés por algo más que el golf, pero ante la inminencia del Mundial y la popularidad del fútbol, el jueves formó a los jugadores del Inter Miami CF —donde están Lionel Messi y Rodrigo De Paul—, como coro de respaldo para la promoción de su política de agresiones. No es responsabilidad de los jugadores, pero sí de su patrón y dueño del club, Jorge Más, herederos del dirigente anticastrista Mas Canosa, su padre, que con el respaldo de la CIA amasó su fortuna inicial en empresas de telecomunicación.
Además de dueño del Inter Miami, Jorge Más es promotor del secretario del Departamento de Estado Marco Rubio. Los padres de Rubio eran cubanos que emigraron a Estados Unidos, pero mucho antes de la Revolución. Sin embargo Rubio hizo carrera como si fuera un perseguido del castrismo y tiene el respaldo de gran parte de la colectividad cubana de Miami.
Como secretario del Departamento de Estado (que equivale al cargo de canciller) Rubio es el principal responsable de las agresiones a los países latinoamericanos que no se subordinan a Washington, como el secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y el bloqueo criminal contra el pueblo cubano.
En este contexto, donde la humanidad está amenazada por un belicismo creciente, en gran parte desatado por Estados Unidos, Donald Trump convocó a la Cumbre Escudo de las Américas con los doce mandatarios que le son absolutamente serviles. Trump no admite aliados, sólo obsecuentes. Lo demostró con sus antiguos amigos europeos. Varios de los mandatarios que acuden a este llamado han surgido o han sido reafirmados en elecciones recientes, como Javier Milei.
La esencia de la cumbre será la confirmación de Estados Unidos como prioridad hegemónica en la región y la exclusión de China. Trump no perderá la oportunidad de hacerlos cómplices de sus ataques en Medio Oriente, en Venezuela y en Cuba. A Milei no hace falta que se lo pidan. Su respaldo al bombardeo norteamericano—israelí contra Irán fue inmediato y gratuito y situó a la Argentina en un conflicto que cada vez se extiende más.
Si el tándem Trump—Netanyahu no logra doblegar en poco tiempo a los iraníes y el bloqueo del estrecho de Hormuz se prolonga, varias naciones quedarán entre la espada y la pared y no tendrán más remedio que intervenir y podría producirse un efecto en cascada. La posición irresponsable del gobierno argentino puso al país como el más expuesto de la región. Esta representación sumisa y obediente con el poderoso se alinea con las políticas detonantes, de impulsos destemplados, que se ensañan con los más vulnerables, como fue el discurso presidencial con el que Milei inauguró el período de sesiones ordinarias del Congreso, el domingo pasado. Débil con los poderosos y malvado con los débiles.
El discurso transcurrió en una dimensión infrarrealista entre las palabras y la calle. En un plano anunció que sacó a millones de argentinos de la pobreza y que el salario había crecido en dólares mientras que en la realidad, esos millones de pobres crecieron durante su gobierno y se redujeron los ingresos de la inmensa mayoría.
Insultó a los gritos a Cristina Kirchner, y anunció que en su gobierno “la moral es una política de Estado”. En la realidad la ex presidenta es una presa política, mientras que él y su hermana están involucrados en estafas públicas, como las causas Andis y $Libra. La calidad de presa política de Cristina Kirchner se confirma porque su condición judicial se activa de tanto en tanto exclusivamente en función de conveniencias políticas.
La incapacidad para frenar las causas de corrupción en las que están involucrados Milei y su hermana motivó la declinación de Santiago Caputo, que controlaba los servicios de inteligencia y la Justicia. Y el consecuente recambio del ministro Mariano Cúneo Libarona por un reconocido operador, con llegada a jueces y fiscales, como Juan Bautista Mahiques. El nuevo ministro alcanzó la fama por la histórica Mesa Judicial de Mauricio Macri encargada de subordinar decisiones de la justicia a los intereses de una fuerza política.
El discurso de apertura del Congreso está concebido como un informe de lo realizado en el año por el gobierno. No informó nada. La esencia fue una puesta en escena de grititos y mímicas con la idea de construir un enemigo odiable porque no tiene nada para mostrar ni para proponer con la inflación en aumento, la caída persistente del consumo y la quiebra diaria de decenas de fábricas y comercios.
El contraste principal del show presidencial es un pueblo empobrecido y una economía en ruinas. Los empresarios argentinos hicieron saber que están ofendidos por los insultos del Presidente, aunque siguen apoyando. Una clase empresaria mediocre y ciega que no quiere aceptar que no tienen lugar en este modelo de país que ellos mismos han respaldado.
En otra dimensión, el contraste con el show de odio presidencial fue el discurso del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, que afronta la crisis profunda de la economía provocada por el gobierno nacional, más el bloqueo de los aportes que le corresponden, pero aún así puede hablar sin insultos ni agresiones y proponer la elaboración provincial de medicamentos para los jubilados y necesitados, establecer un marco de protección a trabajadores de aplicaciones o decretar la obligatoriedad de las salitas de tres años.
Fuente: Pagina 12
Comentá esta nota:

