El gobernador bonaerense inauguró el 154° período legislativo con un discurso de alto contenido político. En medio de un paro docente y tensiones internas en el PJ, Axel Kicillof se posicionó como el principal opositor al modelo nacional bajo la premisa “hay otro camino”.

 

En una jornada marcada por la movilización de la militancia en las afueras de la Legislatura y un clima de fuerte polarización, el gobernador Axel Kicillof encabezó este lunes la apertura de sesiones ordinarias de la provincia de Buenos Aires. Con un discurso que se extendió por casi una hora y media, el mandatario centró sus palabras en la confrontación directa con las políticas económicas del presidente Javier Milei y en la necesidad de consolidar un proyecto nacional alternativo.

Utilizando un atril —en un gesto que algunos interpretaron como una respuesta estética al estilo presidencial—, Kicillof dedicó la primera media hora de su alocución a realizar un crudo diagnóstico de la situación social y económica del país. Denunció un “abandono” por parte de la Casa Rosada y criticó duramente el recorte de transferencias, la paralización de la obra pública y el ataque al federalismo.

“Ninguna provincia se salva si el país se hunde”, advirtió el gobernador, subrayando que Buenos Aires funciona como un “escudo y red” frente al ajuste nacional, aunque reconoció que las soluciones definitivas requieren un cambio de rumbo en la macroeconomía. Su mensaje final, repetido como un mantra hacia el 2027, fue contundente: “La construcción de una alternativa requiere de mucho más que decir ‘no a Milei’. Hay otro camino”.

A pesar del tono épico de su discurso, la realidad gremial se filtró en el recinto. La sesión se desarrolló en el marco de un paro de estatales, judiciales y docentes que impidió el inicio normal del ciclo lectivo 2026. Los gremios rechazaron recientemente una oferta salarial del 3%, exigiendo la restitución del FONID y una recomposición acorde a la inflación.

Kicillof defendió su gestión mencionando que el Estado provincial garantiza que “cinco millones de pibes empiecen las clases y dos millones y medio coman en las escuelas”, atribuyendo las dificultades financieras directamente a la quita de fondos por parte del Gobierno nacional.

El palco mostró una foto de unidad institucional, con la presencia de intendentes propios, algunos mandatarios de la UCR y líderes sindicales como Roberto Baradel. Sin embargo, no pasaron desapercibidas las omisiones: el gobernador no hizo referencias directas a Cristina Kirchner, en un momento donde su liderazgo busca ganar autonomía respecto al Instituto Patria tras las recientes tensiones con La Cámpora por las autoridades del Senado bonaerense.

Desde la vereda de enfrente, los legisladores de La Libertad Avanza y el PRO criticaron la “falta de autocrítica”. Agustín Romo (LLA) ironizó sobre el uso del atril: “Esperemos que se copie también en bajar el gasto público y los impuestos”. Por su parte, sectores del PRO señalaron que el gobernador “dibuja una provincia que no existe” y que sigue enfocado en una “disputa ideológica” alejado de los problemas de seguridad y salud que afectan a los bonaerenses.

Con este discurso, Kicillof no solo dio inicio al año legislativo, sino que también ratificó su intención de liderar la reconstrucción del peronismo, proyectando su figura más allá de las fronteras de la provincia de Buenos Aires.