Cada 25 de enero, el Día del Reportero Gráfico en Argentina se convierte en un recordatorio inevitable: El asesinato de José Luis Cabezas, ocurrido en 1997, se sigue sintiendo como una herida abierta y un recordatorio de que la libertad de prensa necesita protección constante. A casi tres décadas de aquel crimen, la figura de Cabezas interpela a la sociedad y al periodismo: honrar su memoria implica defender el derecho a informar.
Día Nacional del Reportero Gráfico
“No se olviden de Cabezas”, el lema impuesto por el colectivo de Reporteros Gráficos vuelve a cobrar vigencia cada 25 de enero al cumplirse otro aniversario del asesinato de José Luis Cabezas, ocurrido en la ciudad bonaerense de Pinamar, mientras trabajaba.
Por la Ley 24.876 sancionada el 10 de septiembre de 1997 y promulgada el 13 de octubre del mismo año, se establece el 25 de enero como el Día Nacional del Reportero Gráfico.
En medio de tanta imagen de Inteligencia Artificial, de tanta foto trucada, represión a reporteros gráficos y periodismo precarizado, recordar y reivindicar el trabajo de Cabezas, es marcar que un periodismo comprometido, con dar a luz los rincones oscuros del poder y denunciar a los poderosos, requiere de fotógrafos y periodistas que actúen con convicción por la información más allá de la línea editorial del medio.
La historia que marcó el periodismo argentino
José Luis Cabezas nació un 28 de noviembre de 1961 en Wilde, Buenos Aires. A los 16 años comenzó a trabajar como cadete donde decidió incursionar en el mundo de la fotografía, llegando a trabajar ocasionalmente en algunos eventos sociales.
Para 1989, trabajó en la Embajada de Francia sacando fotos en actos protocolares, fue en uno de esos actos que fotografió a Miguel Roig, ministro de economía del primer gobierno de Carlos Saúl Menem. Miguel Roig falleció a la semana de asumir y José Luis Cabezas le había sacado la última fotografía aún con vida. Con esa foto se presenta en el diario perfil y comenzó a trabajar para todas las revistas de esa editorial, hasta que escaló y trabajó pura y exclusivamente para la revista Noticias como reportero y fotógrafo gráfico.
Fue con el retrato de José Fernandez, un capellán ubicado en el cementerio Darwin de la isla Gran Malvina, que consiguió gran reconocimiento por sus pares. Gracias a este trabajo fue distinguido con el Premio Pléyade a mejor fotografía periodística en 1995. Su trabajo adquirió un mayor prestigio gracias a su estilo original, lo que le permitió retratar figuras importantes como Diego Armando Maradona, René Favaloro, Ernesto Sábato, Moria Casán y Sofia Gala, Mirtha Legrand, Néstor y Cristina Fernández de Kirchner, Carlos Menem, Valeria Mazza, Eduardo Duhalde, entre otros.
En pleno verano de 1996, Jose Luis Cabezas, junto a su colega Gabriel Michi cubrieron la temporada en Pinamar. La ciudad costera de Buenos Aires y el destino de varias figuras de la política, el espectáculo y empresarios. Entre las que se encontraba Alfredo Yabrán, un hombre de negocios, el centro de una investigación periodística por corrupción y asociaciones ilícitas. Domingo Cavallo, el entonces Ministro de Economía lo había acusado públicamente como el líder de una agrupación mafiosa. Para ese momento nadie sabía cómo ni quién era Yabrán, por lo que su paradero era incierto.

Después de una intensa búsqueda por parte de ambos fotógrafos, Cabezas logró retratar por primera vez al empresario durante una caminata en la playa junto a su esposa. De esta manera, con esa fotografía publicada en la portada de la Revista Noticias el 3 de marzo de 1996 que se puso fin al anonimato del empresario y se convirtió en una de las más importantes del periodismo argentino.
A partir de ese momento Yabrán que había perdido el anonimato que tanto lo representaba, empezó a dar algunas entrevistas y le declaró la guerra a Domingo Cavallo, asegurando una y otra vez que todas las denuncias en su contra eran falsas, que él era dueño de solamente algunas empresas.
El asesinato de Cabezas
Al año siguiente, Cabezas volvió a Pinamar para cubrir la temporada junto con su esposa, María Cristina Robledo, y de sus hijos: Candela, Agustina y Juan. Durante la noche del 24 de enero de 1997, José Luis Cabezas realizó la cobertura periodística de una fiesta organizada por el empresario Oscar Andreani.
Aproximadamente a las 4:30 A.M. José Luis salió de la mansión de Andreani con su Nikon F4, y las llaves del Ford Fiesta blanco que la revista le había alquilado. Ni bien arrancó el auto, dos vehículos más comenzaron a seguirlo, con lo cuales se encargaron de interceptarlo y secuestrarlo por la banda liderada por Gustavo Prellezo, un oficial de la policía bonaerense que seguía las órdenes de Yabrán.
A la mañana siguiente, alrededor de las 6:30 A.M. Un hombre encontró el Ford Fiesta quemado en el kilómetro 358 de la ruta provincial, a la altura del partido bonaerense de General Madariaga, en su interior se encontraba el cuerpo del reportero, quien había recibido dos disparos y luego sido calcinado.
El 15 de mayo de 1998, la justicia ordenó la captura de Alfredo Yabrán, acusado por ser el autor intelectual del asesinato. El 20 de mayo, cuando la policía estaba rodeando su estancia en Entre Ríos, Yabrán se quitó la vida con un disparo de un arma en la boca. Por el asesinato, fueron condenados a prisión perpetua en un juicio oral y público, el jefe de custodia de Yabrán, Gregorio Ríos, y el comisario pinamarense, Alberto Gómez. Se sumaron también los cuatro integrantes de la banda “Los Horneros” de La Plata: Horacio Braga, José Auge, Sergio González y Héctor Retama; además de los policías Sergio Camaratta, Aníbal Luna y Gustavo Prellezo.
La muerte de José Luis Cabezas marcó al periodismo argentino porque este caso es recordado como el primer trabajador de prensa que murió a raíz de su trabajo desde la vuelta de la democracia en 1983.
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