Por: Raúl Jorge Castillo.
“El club no solo era deporte. Tenía un gran componente social. Las fiestas de navidad y fin de año brillaban por la concurrencia masiva. Era el orgullo del barrio Norte. Ni que hablar de los campeonatos de barrios. En la cancha tremendos jugadores con mucha garra pero terminaba el partido y todos amigos”.
Queridos amigos del Fernández Básquetbol Club (BBC), hoy nuestra institución cumple 83 años de vida. Yo por cumplir 82.
Casi nacimos juntos. Yo vivía cruzando las vías en la esquina de Jesús Fernández y Belgrano. Desde que me acuerdo jugaba desde los 10 años. En la época de los tableros de madera y los cables colgando. Piso de mosaico y la tapia de “Chichiro”. Las de las hermanas Luna con palo a pique con los perros al fondo, eran trampas mortales para suspender el partido cuando la pelota de cuero caprichosa iba por allí.
El club no solo era deporte. Tenía un gran componente social. Las fiestas de navidad y fin de año brillaban por la concurrencia masiva. Era el orgullo del barrio Norte. Ni que hablar de los campeonatos de barrios. En la cancha tremendos jugadores con mucha garra pero terminaba el partido y todos amigos.
En ese ambiente me crié. De querer ganar, siempre. Pero los rencores quedaban en la cancha. Los primeros dirigentes fueron admirables y visionarios. Hasta allí lo que existía eran la cancha de los Morellini y Estrella Roja de la familia Vela.
Decía de los dirigentes que hicieron la institución. La familia de los Corbalán con el profe Diva a la cabeza. La familia Fierro, todos del barrio Norte. Cuando fui creciendo aparte de jugar también fui dirigente. Cómo todos los demás, me acuerdo de amigos que ya no están, Marcelo Chémez, “Chicho” Palavecino; Dani Corbalán; “Yanu” Darchuk; “Chingolo” Cazzaniga; Mario Peña, un grandote de casi 2 metros; los Hermanos Tolosa del barrio Norte. Los hermanos “Nene” y Marcelo Acuña.
Pero todo eso no hubiera sido posible sin el compromiso y la generosidad de muchos dirigentes como Juan Cansino; “Chara” Palavecino y su esposa “Pocha”.
Un párrafo especial para mí amigo hermano y compadre Miguel Santos. El primero que hizo un curso de director técnico y puso su camioneta para llevar a los chicos del Basket a compartir en otros lugares. En ese ambiente de amistad y compromiso nos fuimos formando como personas.
Hubo una gran movida cuando hicimos el techo del básquet. Después de varias cenas y donaciones inauguramos nuestro estadio techado. Un párrafo aparte para “Carly” Barea y Patricia que lograron la modernidad que hoy disfrutamos.
No debemos olvidar que lo más importante no es el último partido, ni el más brillante de los jugadores. Desde mi punto de vista lo que más trasciende es el trabajo de los dirigentes. Sin ellos no hay institución. Así que debemos apoyar con todas nuestras fuerzas a la dirigencia por otros 83 por venir.
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